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TERCERA ÉPOCA
Este blog trata de cosas que suceden en el IFDC VM. nació de la necesidad de tener una vía de contacto y comunicación en medio de una crisis institucional y una lucha para conseguir la sanción de una Ley de Educación Superior. Esa necesidad persiste, pero lo tomamos con más calma y ampliamos la temática del blog a otros tópicos relacionados

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10 de Marzo, 2008    Comunidad educativa

Pedagogía de la pobreza

PorHugo Perez Navarro | Circulaba por cierto programa del Ministerio de Educación,| Circulaba por cierto programa del Ministerio de Educación,Ciencia y Tecnología una pedagoga que, habiendo hecho una sesgada, escasa ymala lectura de Paulo Freyre propuso una pedagogía de la pobreza, quizácon el torpe afán de establecer una analogía con la pedagogía del oprimido.

La diferencia no es accidental, sino esencial. En tantorefiere, en última instancia, a una cosmovisión y a un proyecto de sociedad, ladiferencia se advierte, justamente, en las diversas finalidades propuestas comoresultado de cada modelo de pensamiento. No se trata entonces de un error deinterpretación, de un error técnico, sino de una peculiar comprensión de lo queevidencia la idea en cuestión. Es decir, la diferencia es metodológica yepistemológica, y por lo tanto, es ideológica.  

Desde esa supuesta pedagogía debería entenderse que a lospobres hay que educarlos considerando su especial condición, explicarles cómoes el mundo al que tienen vedado ingresar, enseñándoles cómo deberá ser su viday demás, pero no cómo serían las cosas si no fueran como son. Todo lo contrarioa lo que se suponía que ese programa debía hacer.

En su modesta inteligencia y menguada sensibilidad, lamencionada pedagoga habrá inferido que si hay barrios para pobres, ropas parapobres, comida para pobres (incluidos los bolsones que varios  mercenarios trafican con ahínco, llamando aeso “hacer política”), transportes para pobres, música para pobres y pseudo-empleospara pobres, debería haber también una educación para pobres.

 

De lejos no se ve

Mientras tanto, para garantizarles a los pobres unaeducación “de calidad” se compraron y repartieron tardíos y escasos guardapolvos,puesto que el guardapolvo es una prenda altamente simbólica, que pregona que enuna democracia somos todos iguales. Eso mientras tengamos el guardapolvo puesto,porque debajo de ese guardapolvo –es decir, en casa y en el barrio- la realidady las desigualdades que implica, siguen ahí, intocables. Aunque como en elbarrio y en la casa pobre son todos pobres, esas diferencias no se notan, conlo que tiene lugar entonces la  “igualdadentre iguales” que pregonaba el asesino Jorge Videla cuando se las daba depensador.

Por eso, cuando se planteó la necesidad de comprarzapatillas más que guardapolvos, o además de ellos,  la negativa no tardó en cristalizar como una operfecta y redondita en la boca del propio ministro. Y ello a pesar de que essabido que en muchas familias de nuestro NOA pobre y de nuestro NEA pobre y unpoco más hacia el centro y el en el GBA, muchos chicos deben compartir el parde zapatillas menos dañado de la casa (acaso el único) debiendo  turnarse para usarlas para ir a la escuela,especialmente cuando llueve y hace mucho frío.

Eso es lo bueno de los guardapolvos, para satisfacción delos popes y las popesas de la Flacso: igualan por fuera y por arriba, porquepor debajo podrán mantenerse las diferencias, pero no serán descubiertas porque“de lejos no se ve”, como cantan Los Piojos.

 ¿Libros o zapatillas?

¿Zapatillas sí, libros no?

Zapatillas no, libros… tampoco. O apenas lo suficiente comopara invertir en unos pocos libros, garantizando los negocios del señorGiardinelli. O en miles de folletos (que el asesor de marketing del Lic. Filmushacía llamar libros) y que el ex ministro de educación repartía con entusiasmo enplayas y estadios de fútbol, garantizando a los muchachos de la tribuna insumosde ilustre fábrica para tirar papelitos cuando sus equipos salían a la cancha.

Ocurre que a las pedagogas y a sus jefes flácsidos, que  reparten su sapiencia entre el Senado, París yel Ministerio de Educación, no les avisaron que la educación no empieza en los papersvacíos que leen pequeños grupos de autoayuda ni en graciosas “capacitacionespara docentes y directivos” ni en las conferencias coruscantes de algunos pseudo-teóricosante los cuales estallan de entusiasmo, aunque nunca hayan estado en un aula ymenos con chicos pobres.

La educación empieza en el conocimiento cabal de larealidad y en la decisión de transformarla. Si no, no se educa: se cumplenplanificaciones, se repiten fórmulas desganadas, se va tirando. Se aguantaoscilando entre la pelea cotidiana y la resignación que tiende a envolver todocomo una pátina sombría. Así se descuidan funciones esenciales de la accióneducativa, especialmente en tiempos como este: formar personas; transmitirleslos saberes técnicos necesarios para garantizarles la autonomía económica;  integrarlas socialmente, garantizando supermanencia en el sistema y promover en ellas el desarrollo del pensamientocrítico, insertándolas vigorosamente en el universo de sus derechos, asegurándolesasí una libertad de criterio que les  permita superar la pobreza, el clientelismo yel sometimiento.

 

La educación es todo.

Muchos argentinos, formados en la matriz sarmientina, hacenculto de la idea de que la educación lo resuelve todo, algo que la prácticapolítica del propio Sarmiento se ocupa de desdecir. Y aun quienes creemos queesa valoración no es exagerada sino falsa, muchas veces actuamos y hablamoscomo si fuera verdadera.

Sin embargo, cada vez que –en el discurso y en algunasampulosidades- se puso a la educación por encima de todo, lo único que se logrófue mantener o empeorar la situación general del país, con perjuicio remanentepara la propia educación. Piénsese, si no, en lo que quedó del CongresoPedagógico de Alfonsín y en lo que fueron el Plan Social Educativo y su hermanamayor, la Reforma Educativa menemista, que bajó notoriamente la calidad de laenseñanza, como lo prueban los egresados del polimodal que llegan a la Universidadsin saber leer.   

Podría pensarse que no fue casual que cada vez que seenarbolaban las promesas más centelleantes, los resultados fueran máslamentables. Podría pensarse incluso que todo ese despliegue de discursos y recursosera parte de algo más grande. Porque hay ciertos niveles en los que ni aunquienes sostienen el discurso de la omnipotencia educativa creen en ella. Esmás: en esos niveles se sabe cómo funcionan las cosas. Y en esto el grupohegemónico en la educación argentina desde el neoliberalismo y hasta hace unpar de meses (supuestamente), ha desarrollado una gran experiencia, pues son reconocidoslos diagnósticos formulados por los principales teóricos de la Flacso acerca dela incidencia de la pobreza en la educación, por ejemplo, aunque no en lasrecomendaciones para revertir la situación estructural ni en la identificaciónde sus causas profundas, es decir, verdaderas.

 

La educación no es todo

Sólo teniendo conciencia de que no está entre lasposibilidades de la educación resolver todos los problemas de la sociedad, seráposible sumarla al cambio. A un cambio que sólo será posible con una educaciónentendida como parte fundamental de un proceso más complejo, que incluyeuna salud de primera calidad, concebida con un criterio social, no lucrativo nicaritativo, y una economía que agregue valor a la producción primaria y a laproducción en general, conjugando el uso de la tecnología con el incremento dela mano de obra.

Y hay que remarcar esto: la educación no resuelve todo,pero está en todos los niveles de la comprensión y definición  y en todas las áreas de resolución, pues estransversal a todos los ámbitos de actividad, tanto de la sociedad como delEstado.

En otras palabras: la educación sola no va a hacer quela Argentina cambie, pero sin educación no habrá cambio posible. Poreso es tan importante para nuestro presente como para el futuro que debemosconstruir.

De ahí la necesidad de entender el hecho educativo como un hechopolítico, como suele repetir a quien sepa escucharlo el profesor Raúl Coria,quien precisa: “la educación es estratégica porque es política, y es políticaporque es estratégica”. Y por lo tanto su acción, su intención y su intensidaddeben ser profundas. Porque la educación no se entiende –y no sirve, no es tal-si no se tiene la certeza de que está en juego el destino de miles de chicos ychicas. Y ello con la más absoluta convicción de que no se trata de “hacer algopara esos chicos” porque se tiene buen corazón y se quiere mantener laconciencia tranquila, sino porque es un acto de justicia y de equidad, inclusopara quienes están dentro del sistema. Porque es la justicia, la justiciasocial, la que asigna a cada uno lo que le corresponde por derecho y nopor la buena voluntad de un político acomodaticio ni por el cotizado intelecto deun especialista.  

Si se tiene presente la finalidad, se tendrá claro elcamino. Muchos teóricos y teóricas de la educación, admirables educadores yeducadoras, rechazan la noción de que el fin justifica los medios, aunque no siemprealcancen a percibir la otra parte del asunto: que los medios se orientan alfin.

Y esto es lo decisivo. ¿Cuál es la finalidad de lapedagogía del oprimido para Paulo Freyre? La liberación. Y ¿cuál sería lafinalidad de la pedagogía de la pobreza? ¿La riqueza? No: la finalidad decualquier proyecto que se plantee como pedagogía de la pobreza es laresignación.             

Y ese es un mensaje y un mandato del poder más negativo denuestra sociedad contra el que nuestras heroicas maestras, verdaderos pilaresque sostienen lo más digno de la educación argentina, así como muchos docentesde todos los niveles, vienen luchando desde hace años, junto “a losdesarrapados del mundo y  a quienes,descubriéndose en ellos, con ellos sufren y con ellos luchan”, como el propioPaulo Freyre escribió, con el corazón y la cabeza, en el inicio de su trabajomagistral.

 

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publicado por blogifdcvm a las 09:44 · 4 Comentarios  ·  Recomendar
 
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Comentarios (4) ·  Enviar comentario
Muy interesante el artículo. Podés publicar y/o enviar los datos para citarlo, para usarlo como material de discusión en las clases? Gracias
publicado por Fernando, el 03.04.2008 10:02
Me gusto mucho el análisis, preocupa la despreocupada llegada que esos discursos tienen. Me gustaría citar este articulo en un trabajo para la UN de Cordoba, podrías mandarme los datos ? Gracias Lucia
publicado por lucia Alejandra Juarez, el 04.04.2008 15:38
Me parece que hay contradicciones en el artículo. Si la Educaciòn no es todo, cosa que comparto, ¿por que se deberìan entregar zapatillas? No es es una función educativa, más alla de la necesidades evidentes de neustra gente. El tema de la sociedad y responsabilidad de areas especificas del Estado, que por su puesto no actuan coordinadamente con Educación. Este Ministerio debe dar calidad educativa y herramientas para la vida, e impulsar que el Estado produzca el cambio del que hablamos
publicado por Ylenna, el 23.04.2008 16:22
Ylenna, se nota que en tu vida te faltó calzado. ¿O no entendiste lo que quiso decir? Está muy claro, transcribo por si no captaste: "...sabido que en muchas familias de nuestro NOA pobre y de nuestro NEA pobre y unpoco más hacia el centro y el en el GBA, MUCHOS CHICOS DEBEN COMPARTIR EL PAR DE ZAPATILLAS MENOS DAÑADO DE LA CASA (ACASO EL ÚNICO) debiendo turnarse para usarlas para ir a la escuela,especialmente cuando llueve y hace mucho frío." Es clarísimo! Vos mandarías a tus chicos de 7 años en patas al colegio? En un día de lluvia? Se trata de acción inmediata, no perder un pibe mas.
publicado por Martín, el 20.01.2011 12:15
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